TU HISTORIA NOS IMPORTA

Todas y todos tenemos nuestros gustos, hobbies, talentos escondidos y uno que otro chascarro guardado. 

Este espacio es para compartir un pedacito de eso, mirarnos con más simpatía y descubrir que, aunque distintos, formamos un tremendo equipo que se va conociendo y creciendo día a día.” 

CUARTA PUBLICACIÓN

Rafael Luego San Martín

Auxiliar de Servicios
Cesfam San Ramón Nonato

María Eliana Muñoz Espinoza

Administrativa
CEO

Patricia Retamal Cavada

Matrona
Cesfam Los Volcanes

Marina Jara Vega

Administrativo
Cesfam Los Volcanes

TERCERA PUBLICACIÓN

Bárbara Opazo Figueroa

Enfermera Cesfam Sol de Oriente y ECICEP

Claudia Lucía San Martín Palma

Psicóloga Cesfam Los Volcanes

Javier Ramos Espinoza

Kinesiólogo Cesfam San Ramón Nonato

Nicolás Saravia Pusterla

Encargado de relaciones Laborales, Subdirección de las personas

Roxana Urrutia Orellana

Podóloga de Cesfam Quinchamalí

Sebastián Pollinger Tapia

TENS Cesfam Isabel Riquelme

SEGUNDA PUBLICACIÓN

Alejandra Orvenes Lagos

TENS
Cesfam San Ramón Nonato

Diego González Arias

Enfermero
Cesfam Quinchamalí

Iván Espinoza Díaz

TANS
Droguería Municipal

Ximena Riveros Segura

Nutricionista
Cesfam Los Volcanes

Manuel Vilches Araya

Kinesiólogo
Cesfam Sol de Oriente

PRIMERA PUBLICACIÓN

Víctor Patricio Palma Chávez

Director del CEO

Paulina Orellana Castillo

Psicóloga Vida Sana

Camila Rodríguez Villalobos

Kinesióloga PADAM

Oscar Núñez Navarrete

Conductor CIR

Massiel Celedón González

Psicóloga PoliTea y SISI. CUE

“Servir, siempre servir: una vida marcada por la vocación y el amor por su país”

Hay trayectorias que no se explican solo por los años, sino por la forma en que se viven. La de Rafael Luengo San Martín, «Don Rafa» para sus compañeros, es una historia guiada por la vocación de servicio, el compromiso silencioso y un profundo amor por su patria.

Su paso por el Cesfam San Ramón Nonato dejó una huella que va más allá de lo laboral. Cercano, respetuoso y siempre dispuesto, fue ese compañero que entendía el valor de lo simple. “Lo que más voy a extrañar son los desayunos en la mañana, compartir, conversar y reírnos”, recuerda. En esos momentos cotidianos se reflejaba su esencia: una forma genuina de hacer comunidad.

Esa vocación lo ha acompañado toda la vida. Hace 44 años es bombero voluntario en Chillán, donde no solo participó en emergencias, sino que también formó a nuevas generaciones como instructor. Este compromiso refleja su espíritu de entrega, el mismo que demostró entre 1977 y 1979 al realizar su servicio militar en Puerto Natales durante un periodo de tensión con Argentina. “Estábamos preparados para defender la patria”, señala, una experiencia que fortaleció su amor por Chile y que hoy mantiene viva como portaestandarte de la agrupación de ex soldados conscriptos 77-79.

Quienes trabajaron con él lo recuerdan como un hombre amable, confiable y siempre dispuesto a ayudar. Al cerrar este ciclo, Don Rafa no olvida sus raíces institucionales y dedica un agradecimiento especial: “A los tres compañeros que fueron los gestores de que yo ingresara al Departamento de Salud: a la Sra. Andrea, quien era la Directora del Cesfam San Ramón Nonato en el año 2010; a Don Iza Nazar, administrador interno; y a la Sra. Katia Díaz. Muchas gracias a ustedes por haber confiado en mí”.

En esta nueva etapa, Rafael proyecta seguir activo, dedicar tiempo a su familia y emprender en servicios de gasfitería, poniendo la misma responsabilidad que lo caracterizó durante años. Para Don Rafa, servir a su comunidad, a sus compañeros y a su país, no ha sido solo un rol, sino el motor que ha guiado toda su vida.

"Corazón valiente, espíritu alegre"

Hay vidas que se definen por la valentía de elegir, una y otra vez, la alegría como bandera. Eliana es una de esas mujeres que aprendió temprano que la libertad es el tesoro más preciado. Poseedora de una mente aguda que alguna vez soñó con la física, volcó su determinación en el laboratorio dental, encontrando en su profesión la herramienta para forjar, con temple de acero, el futuro de sus tres hijos.

Su paso por nuestra institución ha dejado una huella que no se mide en fichas, sino en risas. En la recepción del CEO, Eliana se convirtió en el alma del equipo, convencida de que los espacios, al igual que su hogar y su amada parcela, deben ser un refugio de orden y buen aroma. Siempre con su frase típica a flor de labios; “¿Por qué tengo tanto sueño? ¡Necesito un café y un whisky doble!”, lograba aligerar con humor la carga de cualquier jornada.

Su vocación siempre tuvo un destino claro: sus «viejos». Con una sensibilidad única, supo leer el dolor de nuestros usuarios mayores, transformando sus molestias en sonrisas mediante una talla oportuna. Ese cariño volvió a ella multiplicado en regalos y desayunos, gestos de gratitud de la comunidad que hoy atesora como su mayor logro profesional.

La vida la puso a prueba con la pérdida de su hijo mayor y, recientemente, con un ACV que intentó silenciarla. Pero Eliana renació. Aunque ella sienta que hoy le cuesta hablar, sus cercanos saben que ya no necesita la garganta: Eliana se expresa directamente con el corazón, con la transparencia de quien vive bajo sus propias reglas.

Sus compañeros la valoran como una mujer optimista, que prefiere destacar las virtudes ajenas antes que los errores. Esa misma fuerza la llevó a sacar adelante a sus hijos: Agdeny (Ingeniera Comercial), Harry (Ingeniero Civil Industrial) y Henly (Arquitecto), de quienes habla con un orgullo que le ilumina el rostro. Hoy, mira el futuro con libertad; su fiel auto la espera para recorrer el sur de Chile, mientras su parcela y sus animales le ofrecen la paz de la naturaleza. Allí, donde todo huele bien, Eliana seguirá cultivando esa esencia que nos enseñó que el optimismo es el mejor camino.

“Donde hay vida, hay una historia que merece ser cuidada”

Hablar de Patricia, nuestra querida “Patita”, es hablar de una vocación construida desde lo más profundo. Matrona de profesión, formada hace 40 años, creció en una familia que le inculcó valores esenciales: la igualdad, la justicia y el respeto por los demás. Desde ahí nace su decisión de dedicar su vida a la atención primaria, entendiendo la salud como un derecho y el cuidado como un acto de humanidad.

Su historia comenzó en 1986 en el Cesfam Ultraestación. Luego continuó en el Cesfam Isabel Riquelme, donde trabajó durante 14 años, consolidando una relación cercana con la comunidad. En 2002 se integró al equipo gestor del Cesfam Los Volcanes, donde asumió diversos desafíos: jefa del Programa de la Mujer, del Adolescente, jefa de SOME, jefa de sector y matrona clínica. En cada uno de estos espacios destacó por su compromiso, responsabilidad y una calidez que dejó huella tanto en los equipos como en sus usuarias, quienes la recuerdan con especial cariño.

Patricia vivió su profesión con un sentido profundamente humano. Acompañar la llegada de una nueva vida fue siempre un privilegio, una experiencia que marcó su forma de ejercer. No es casualidad que haya sido parte del embarazo de hasta tres generaciones de una misma familia, reflejo de la confianza y los vínculos que supo construir a lo largo del tiempo.

En lo personal, es esposa, madre de dos hijas y orgullosa abuela de cuatro nietos, quienes hoy representan su mayor alegría y refugio. Disfruta de las manualidades, de compartir con sus amigas y sueña con viajar, abrazando esta nueva etapa con sencillez y esperanza. Quienes trabajaron con ella la describen como una persona íntegra, acogedora y profundamente humana, siempre centrada en su labor, pero sin perder nunca la cercanía en el trato.

Hoy se despide con palabras que reflejan su esencia: “He tenido la fortuna de venir de una familia con muchos valores… trabajar con vocación en la atención primaria ha sido un privilegio. He conocido personas maravillosas que me han enseñado lo importante de la vida. Doy gracias a Dios por el amor de mis pacientes y pido perdón si en algunas ocasiones no tomé las decisiones correctas. En mi vida profesional, creo que recibí más de lo que entregué. Hoy cuelgo mi delantal y me refugio en el amor de mi familia… gracias a la vida, que me ha dado tanto. Gracias a todos.”

“Una vida dedicada a cuidar con ternura”

Marina, o “Marinita” como todos la conocen, es de esas personas que transmiten cariño de manera natural. Nació en una familia numerosa de siete hermanos y creció en Santa Elvira, rodeada de huertas, árboles frutales y el amor por la tierra que le inculcó su padre. De ahí nace su profunda conexión con las plantas, una pasión que hasta hoy refleja su esencia: cuidar con paciencia, dedicación y amor.

Se casó a los 15 años y formó una gran familia: es madre de cinco hijos, abuela de 11 nietos y bisabuela de 3. Su vida ha estado marcada por el esfuerzo y la perseverancia, retomando sus estudios mientras trabajaba y criaba a sus hijos, hasta lograr titularse como TANS. Su llegada al Cesfam Los Volcanes, primero a través de proyectos y luego en SOME, fue también una oportunidad para crecer y construir lazos que recuerda con especial cariño.

Su vocación siempre estuvo en el trato cercano con las personas, especialmente con los adultos mayores. Con muchos de ellos generó vínculos tan significativos que incluso la visitaban solo para verla. Su consejo, que hoy comparte con las nuevas generaciones, es simple pero profundo: ser siempre empáticos y pacientes, porque en esos pequeños gestos se construyen relaciones que enriquecen el alma.

Hoy, Marina inicia una nueva etapa con la ilusión de recuperar el tiempo con su familia. Piensa especialmente en sus nietas gemelas que viven en Copiapó, a quienes, por la distancia, a veces pasaba hasta dos años sin ver. Ahora espera disfrutar de cada momento junto a sus hijos, nietos y bisnietos, regalonearlos y estar más presente en sus vidas.

Agradecida de la vida y de Dios por su historia, sus logros y cada persona que ha sido parte de su camino, hay algo que pide con especial emoción: poder ver crecer a sus nietos. Mientras tanto, seguirá cultivando su amor por las plantas y soñando con su propio invernadero, como una forma más de seguir dando vida y cariño, tal como lo ha hecho siempre.

“Enfermería y danza, vocaciones al servicio del bienestar”

Bárbara es enfermera del Cesfam Sol de Oriente y actualmente trabaja en el programa de Salud Cardiovascular y en Ecicep. Su jornada transcurre entre controles, conversaciones y acompañamiento cercano a personas con enfermedades crónicas. Pero al terminar el día, su vida se mueve en otra dirección: la danza vuelve a ocupar el centro.

Su historia con el ballet comenzó temprano, en el jardín infantil, entre tutús y pasos aprendidos jugando. Luego vino una pausa, hasta que en la enseñanza media la danza reapareció gracias a la profesora Elvira Huespe, en el Ballet del Colegio Concepción. Allí aprendió ballet y danzas celtas, se subió a escenarios, viajó a Argentina a competir y vivió experiencias que marcaron su disciplina, seguridad y sensibilidad personal.

Tras el cierre de esa escuela, Bárbara encontró un nuevo hogar en Vivadanza, dirigida por Daniela Salgado, un espacio donde la danza es inclusión, expresión y bienestar. Un lugar donde lo importante no es el cuerpo “ideal”, sino las ganas de moverse, aprender y compartir, y donde niñas y niños neurodivergentes son acogidos con respeto.

Fue allí donde descubrió que, además de bailar, quería enseñar. En 2023 se formó en Pedagogía en Danza en Chile y Argentina, y comenzó a impartir clases por las tardes, después de su jornada en el Cesfam.

Hoy, Bárbara entiende que la enfermería y la danza no son caminos separados. Ambas escuchan al cuerpo, acompañan procesos y buscan bienestar. Dos vocaciones distintas, pero profundamente conectadas por el cuidado integral de las personas.

“Entre pinceles, idiomas y recuerdos”

Claudia Lucía San Martín creció entre culturas y creatividad. En diciembre de 1973, sus padres decidieron salir de Chile y su infancia transcurrió en Cuba, donde comenzó a descubrir su fascinación por aprender y explorar. En la educación media ingresó a un instituto pedagógico de idiomas y se graduó como profesora de ruso, un idioma y una cultura que siempre le parecieron fascinantes. Más tarde perfeccionó sus conocimientos en Moscú y, posteriormente, en Suecia aprendió el idioma sueco y estudió lingüística, incluso creando crucigramas para la prensa. Todos esos viajes y aprendizajes formaron su curiosidad, disciplina y capacidad de conectar con otros, habilidades que hoy la acompañan en su trabajo como psicóloga.

Su amor por el arte nació en la infancia y se consolidó en Chillán. Claudia pinta cerámica, trabaja con vitrales y disfruta restaurar objetos antiguos. Para ella, cada pieza cuenta una historia, despierta la imaginación y le permite conservar recuerdos y tradiciones. “Crecí en un hogar creativo: un padre músico y una madre artista plástica. Todo lo que uno aprende en la vida, en algún momento, sirve”, comenta.

Entre idiomas, pinceles y recuerdos familiares, Claudia guarda en su corazón la memoria de su hermana, la doctora Luz Lorena San Martín, fallecida hace casi dos años. Sus experiencias, su arte y sus aprendizajes no solo la han formado como profesional, sino también como persona sensible, curiosa y comprometida con cuidar a quienes la rodean.

“Cuando el balón pasa de generación en generación”

En la vida de Javier Ramos, el básquetbol nunca fue solo un deporte. Desde niño, el balón rebotando en casa marcó rutinas, conversaciones y vínculos. Fue su padre quien, con su amor por la actividad física, transmitió a Javier y a sus dos hermanos una pasión que con el tiempo se transformó en herencia familiar, identidad y forma de entender la vida.

Hoy, a sus 42 años, Javier continúa ese camino. Está casado con Silvana Mellado y es padre de Alicia, de 6 años, y Borja, de 2. Sigue jugando básquet de manera activa y representa a Chillán en el equipo de MaxiBásquetbol, categoría senior de 40 a 50 años, compartiendo la cancha con sus hermanos. Su padre, ejemplo constante, continúa compitiendo en la categoría 65 a 70 años y ha participado en mundiales, logrando incluso un segundo lugar en Croacia.

El año pasado representaron a Chillán en Valparaíso, obteniendo el séptimo lugar entre 26 equipos. Pero más allá de los resultados, lo esencial es lo que ocurre fuera de la cancha: la familia acompañando, las amistades que nacen y los recuerdos que se construyen juntos.

Javier compatibiliza esta pasión con su trabajo como kinesiólogo, donde motiva a sus usuarios, incluso mayores de 80 años, a mantenerse activos. Convencido de que el deporte es vida, transmite el mismo mensaje que recibió de niño: moverse une, cuida y deja huellas que perduran.

“De Montevideo a Rosita O’Higgins: entre goles, amistades y aprendizajes”

Más allá de los informes y reuniones, Nicolás Saravia tiene una historia llena de caminos diversos y aprendizajes. Llegó a Chile desde Montevideo en 2013 con 23 años, y desde entonces ha trabajado en recepción de hotel, estudiado trabajo social, colaborado en proyectos educativos, producido un documental sobre historias migrantes y participado en políticas públicas. Cada experiencia le exigió esfuerzo, pero también le dio satisfacción y crecimiento. En 2023 se integró a la Subdirección de las Personas, donde se siente feliz y agradecido.

Pero si hay algo que ha sido constante en su vida, es el fútbol amateur. Hace 12 años se unió al equipo Real Oriente de Rosita O’Higgins y allí encontró una verdadera familia. “Llegué sin conocer a nadie y hoy sigo compartiendo domingos de mate, goles y risas con personas que se han convertido en amigos de toda la vida”, cuenta. Ha visto crecer niños, compañeros formar familias, otros irse y volver, y juntos han celebrado más de 120 goles.

Uruguay y Chile son sus hogares, pero el Estadio Rosita O’Higgins siempre será su patio de casa. Para Nicolás, el fútbol es más que un deporte: es amistad, constancia y alegría compartida. Y una lección que lleva a su trabajo todos los días: detrás de cada cargo, siempre hay personas y relaciones que vale la pena cuidar.

“Tesoros que cuentan historias”

Desde que tenía 15 años, Roxana Urrutia descubrió un mundo que la atrapó: las antigüedades. Inspirada por las colecciones de sus tías, empezó a intercambiar objetos y a armar su propia colección. Pero no se trata solo de guardar cosas: para ella, cada pieza es una historia que vale la pena rescatar, un recuerdo que permanece y un pequeño desafío para su curiosidad. Restaurar, imaginar y dar nueva vida a lo antiguo es algo que la apasiona y la hace disfrutar cada hallazgo.

Su búsqueda la ha acompañado a lo largo de distintos lugares donde ha vivido: Santiago, Chillán, Villa Alemana, Osorno… en todos, ferias, persas y casas son su territorio. Cada viaje es una aventura, cada objeto, un misterio por descubrir. Monedas, cucharas, botellas o planchas antiguas se convierten en pequeñas ventanas al pasado, y cada hallazgo refleja su paciencia, entusiasmo y amor por los detalles.

Recuerda con humor una vez en Villa Alemana: vio una plancha de carbón con un gallo en la punta, decidió volver más tarde… y ya no estaba. “Ahí aprendí que, si algo te llama la atención, no hay que pensarlo dos veces”, dice, con una sonrisa.

Para Roxana, coleccionar antigüedades es más que un hobby: es curiosidad, pasión y respeto por la historia. Y esa misma pasión la acompaña en su trabajo y en la vida, cuidando y valorando lo que realmente importa.

“De una guitarra sin cuerdas a Portal Disonante”

La historia musical de Sebastián Pollinger comienza de manera inesperada. Cuando era niño, su hermano cambió un CD de eurodance del grupo Aqua por una guitarra acústica… sin cuerdas. Durante años, ese instrumento permaneció colgado, casi como un adorno, hasta que a los 14 años Sebastián decidió darle vida: consiguió cuerdas y le pidió a un amigo, Felipe Riquelme, que le enseñara a tocar. Ese primer gesto marcó el inicio de una relación profunda con la música. 

Con el tiempo, y junto a un grupo de amigos, formó una banda de música andina. Entre ellos estaba Sergio Moya, quien hoy es el vocalista de su actual proyecto musical. Aunque esa primera banda se disolvió, los lazos creativos se mantuvieron. Un día, en una supuesta salida a pescar, Sergio lo invitó junto a Matías Sepúlveda. Lo que parecía una jornada al aire libre era, en realidad, una propuesta clara: formar una nueva banda. Sebastián acababa de comprarse una guitarra eléctrica y aceptó sumarse con una condición intransable y algo de humor: él tocaría guitarra, no bajo. 

La química fue inmediata. Comenzaron a tocar, a componer y a darle forma a un proyecto que en marzo de 2023 tomó identidad propia. Más tarde se integró Felipe Tapia en batería, quien además bautizó a la banda con el nombre Portal Disonante. Desde entonces, el grupo no ha dejado de crear, compartir y proyectarse. 

Hoy, Portal Disonante continúa componiendo y difundiendo su música en plataformas digitales como Spotify, YouTube y Apple Music. A través de Instagram y TikTok comparten novedades, lanzamientos y fechas de presentaciones. Para Sebastián, la música es un espacio de encuentro, creatividad y expresión, una pasión que convive con su trabajo diario en el Cesfam y que demuestra que, detrás de cada rol, siempre hay historias que merecen ser escuchadas. 

“Manualidades, caminatas y una vida con sentido”

Para muchos, es simplemente Alejandra. Funcionaria del Cesfam San Ramón Nonato, madre de dos hijos, de 26 y 21 años, que son más que su orgullo: son sus compañeros de ruta. Juntos han recorrido diversos rincones de Chile, motivados por el deseo de descubrir la belleza de lo cotidiano y la fuerza que entrega el contacto con la naturaleza.

“Me llena de energía”, dice al referirse a las caminatas al aire libre, una actividad que disfruta profundamente. Pero también hay espacio para la calma: cada lunes, Alejandra se reúne en un taller de pintura en cerámica, una práctica que cultiva hace años y que le permite relajarse, expresarse y compartir con colegas y ex colegas.

A lo largo del tiempo, ha explorado distintas técnicas manuales, siempre guiada por la curiosidad y la necesidad de crear. Y en paralelo, ha dedicado parte de su vida a cultivar su bienestar interior, acercándose a terapias alternativas como el Reiki y los masajes, que hoy forman parte de su día a día.

Alejandra vive con sencillez y armonía, hilando momentos significativos entre el arte, la naturaleza y el crecimiento personal.

“Trazos que sanan: del anime al realismo”

Cuando Diego González era niño, una serie animada japonesa bastaba para encender su imaginación. Veía los mundos fantásticos del anime y sentía la necesidad de darles vida con lápiz y papel. Así nació un hábito que lo acompañó en silencio durante años: dibujar.

Comenzó con bocetos simples, copiando a sus personajes favoritos, pero con el tiempo fue afinando su técnica. “Quería que se vieran más reales, que transmitieran algo”, recuerda. El paso al realismo llegó casi sin darse cuenta, impulsado por su obsesión con los detalles y el deseo de superarse. Hoy, ese ejercicio artístico es también una forma de introspección y bienestar.

“Dibujar me permite concentrarme, desconectarme del ruido y reenfocarme”, dice. Esa misma capacidad de atención al detalle la traslada a su trabajo como enfermero en el Cesfam Quinchamalí, donde combina precisión técnica con empatía cotidiana.

Para Diego, el arte y la salud no están tan alejados. Ambos requieren observar con atención, cuidar lo que a veces no se ve a simple vista y estar presentes para otros. “En el fondo, dibujar y cuidar son actos de paciencia… y también de amor”.

Quienes lo conocen saben que tras su perfil tranquilo hay un creador, un sanador y alguien que nunca deja de imaginar.

“Kilómetros de libertad, hermandad sobre ruedas”

Cuando Iván se subió por primera vez a una motocicleta, no lo hizo por hobby ni por moda: fue en medio de una crisis personal, buscando un escape, una manera de reencontrarse consigo mismo. Lo que comenzó como necesidad, terminó transformándose en pasión.

La ruta lo llevó a descubrir un mundo inesperado. “Me encontré con personas comunes, con historias distintas, pero unidas por el mismo amor por las motos. Nada de estereotipos, solo hermandad real”, cuenta. Así, viaje tras viaje, fue encontrando no solo paisajes inolvidables, sino también una comunidad donde el respeto, la confianza y el compañerismo son ley.

Hoy, Iván lidera el capítulo Chillán de Caballeros Negros MC, el club de motociclistas más grande de Chile. Es un compromiso que asume con orgullo y responsabilidad, representando los valores del grupo y acompañando a otros en la ruta, dentro y fuera del pavimento.

“Cuando vamos en caravana, no importa la edad, ni el cargo, ni de dónde vienes. En ese momento, todos somos iguales… y sentimos que el mundo nos pertenece”, dice.

Desde la droguería hasta la carretera, Iván combina trabajo y pasión, mostrando que a veces los caminos más difíciles nos llevan justo donde necesitamos estar.

“Brazadas que sanan, desafíos que inspiran”

A veces el cuerpo nos exige parar… y ahí es donde comienza otra forma de moverse. Así fue como Ximena Riveros llegó a la natación: buscando alivio para una discopatía cervical y lumbar. “Me recomendaron evitar ejercicios de alto impacto, y la piscina se volvió mi espacio de sanación”, cuenta.

Al principio fue solo terapia, un escape tranquilo. Pero el entusiasmo de su club, y especialmente de su presidenta, la motivaron a dar el siguiente paso: competir. Desde 2023, ha participado en cinco campeonatos, destacando en la categoría novicios y logrando importantes avances. En la última Copa Araucanía cronometró 50 segundos en los 50 metros libres, mejorando su marca anterior.

Durante el año nada en la piscina Darío Salas, y en verano, gracias al apoyo municipal, en la piscina del Liceo Marta Brunet. Para ella, más allá de las marcas, el verdadero valor está en el compañerismo, el esfuerzo compartido y la energía que se respira antes de cada largada.

“Nunca pensé que este camino me apasionaría tanto”, dice con una sonrisa. Hoy, la natación no solo es parte de su rutina: es una forma de vida, una fuente de motivación constante y una prueba de que siempre es posible reinventarse.

“Donde nace el impulso: deporte, familia y propósito”

Hay historias que no comienzan con una meta, sino con una pelota rodando por la calle, un apodo cariñoso y la alegría del juego. Así empezó la de Manuel Vilches, kinesiólogo y deportista de corazón. Su zurda prodigiosa le valió el nombre de “la zurdita mágica”, otorgado por su profesor de fútbol, Pepe Lara. Pero fue a los 12 años cuando encontró un nuevo escenario: el tenis de mesa.

Fue su padre, también llamado Manuel, quien lo introdujo en este deporte. Desde entonces, y con el apoyo incondicional de su madre, la querida “tía Calú”, comenzó a entrenar con pasión. Bajo la guía del recordado “Tío Ita”, en la Asociación de Tenis de Mesa de Chillán, alcanzó múltiples títulos regionales y se proyectó a nivel nacional e internacional. El mayor hito llegó en 2003, cuando su equipo se coronó campeón de Chile en la categoría adulta, marcando un hecho histórico para Chillán.

Hoy, su cancha es el asfalto. A las cinco de la mañana, mientras la ciudad duerme, Manuel corre. Ha completado desde 5K hasta maratones, entrenando con disciplina y convicción.

Su mayor impulso está en casa: su esposa Emilyn, sus hijas Antonia e Isidora, y su perrito Jack. “Ellos son mi raíz, mi motor y mi meta”. Porque cuando la familia sostiene, todo lo demás encuentra su ritmo.

“Mi familia es mi motor y mi refugio”

Detrás del delantal blanco y la seriedad del cargo, hay un hombre profundamente sensible. El doctor Víctor Palma no solo lidera con compromiso el Centro de Especialidades Odontológicas; también es un padre y esposo muy dedicado.

“Cuando estamos los cinco juntos, riéndonos, conectados… no necesito nada más”, confiesa.

Durante los inicios de la pandemia vivieron una experiencia que los marcó para siempre. Regresaban desde Madrid cuando lograron subir al último vuelo disponible hacia Chile. Al llegar, fueron aislados durante 45 días, luego de que su hijo fuera el segundo caso confirmado de COVID en Chillán.

“Fue muy duro… pero nos unió como familia de una forma que nunca imaginamos.”

Restaurar para dar nueva vida

En su tiempo libre, Víctor se refugia en su taller, donde transforma objetos antiguos en muebles con historia.

“Lo último fue un comedor para mi hija mayor, que acaba de independizarse. Lo hice con la base de una antigua máquina de coser Singer y una cubierta de nogal.”

Para él, restaurar es una forma de contar historias, rescatar lo que otros desechan y construir con sus manos algo que perdure.

Pueden conocer más de sus creaciones en @artefactosdelayer.

 

“Entre pasos que sanan y ritmos que inspiran”

Paulina Orellana, o “Pauli” como la llaman con cariño, es psicóloga del programa Elige Vida Sana, un equipo sólido y comprometido que en 2025 cumple 10 años entregando salud y bienestar en la comuna. Desde su lugar, Pauli acompaña con alegría, vocación y una calidez que deja huella. Junto a sus compañeras y compañeros, construyen día a día espacios de cuidado, prevención y escucha profunda.

Pero además de esta pasión, Pauli tiene otra: la danza andina, especialmente el caporal. En 2017, durante un viaje a Arica, vivió por primera vez el Carnaval con la Fuerza del Sol, una experiencia que la marcó para siempre. Desde entonces, cada verano regresa al norte como quien vuelve a una fuente de inspiración y fuerza.

En 2019 inició su formación en la escuela Aucapan, y desde 2023 se presenta activamente como bailarina en carnavales y eventos por todo Chile. Ese impulso la llevó a soñar en grande y dar un paso más: fue una de las principales gestoras de Caporales Sangre Andina – Anexo Chillán, agrupación que vibra con cada ensayo y encuentro.

Para Pauli, la psicología y la danza se entrelazan como caminos para sanar, conectar y celebrar la vida. Su compromiso y alegría contagian, dejando huellas imborrables dondequiera que vaya.

Síguelos en @csa.chillan y siente con ellos la fuerza de cada paso y ritmo.

 

“El corazón que late fuera de la cancha”

Camila Rodríguez es kinesióloga y ha estado vinculada al deporte desde siempre. Desde 2019 forma parte del equipo médico en competencias regionales y nacionales, como los Juegos Deportivos Escolares y los binacionales de La Araucanía Chile–Argentina. En 2024 fue parte del cuerpo médico de la selección nacional en los Juegos Sudamericanos realizados en Bucaramanga, Colombia, convirtiéndose en la primera kinesióloga de Ñuble en lograrlo.

Pero más allá de los reconocimientos y títulos, lo que realmente mueve a Camila es algo más profundo: “Una lesión me sacó de la cancha, pero nunca del deporte”, cuenta. Cada vez que entra al borde de una pista o una cancha, revive esa conexión: “Se siente cada punto, cada gol… el corazón late más fuerte, aunque no esté compitiendo”.

Disfruta el esfuerzo de los deportistas, escuchar sus historias, vivir una rutina que nunca se repite. “Siempre es distinto, y siempre humano”, dice.

También ha aprendido a conocerse: “Me demostré que puedo lograr lo que me proponga, pero sobre todo entendí que lo importante es ser persona. La humildad y el respeto nos llevan más lejos que cualquier título”.

Desde cualquier rol —en una banca deportiva o en un domicilio del PADAM—, Camila acompaña con la misma energía: la de quien sabe lo que es soñar… y también ayudar a otros a hacerlo realidad.

 

“Sin miedo al trabajo, con lealtad a mis pasiones”

Llegué al Cesfam Isabel Riquelme en marzo de 2020, justo cuando la pandemia nos golpeaba fuerte. No venía del área de la salud, pero sí con la disposición de aprender. Siempre he sido inquieto, no discrimino ningún trabajo mientras me permita avanzar y dar estabilidad a mi familia. He pasado por el área comercial del Diario La Discusión, reparto y bodegaje en Chilexpress, y fui conductor de buses rurales hacia San Ignacio. Hoy, como conductor del Cesfam, me siento parte de un equipo que me ha permitido crecer.

Ñublense, punk rock y convicciones firmes

Mis dos grandes pasiones han estado conmigo desde siempre. La primera es Ñublense, amor heredado de mi padre. En casa nunca se habló de Colo Colo ni de la U; sólo del rojo de Chillán. Esa tradición la seguimos con mis hijos, hermanos y primos: es parte de quienes somos.

 La otra es la música. Hace 30 años soy vocalista de Mazoka, una banda de punk rock con temas propios, un disco en Spotify y varias tocatas desde Chillán hasta Santiago. Aunque algunos tienen prejuicios con el punk, yo soy padre, esposo, buen amigo y solidario. Y creo que una parrilla encendida y una cerveza fría arreglan cualquier día.